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Dymaxion House


Arquitectos:
Buckminster Fuller

Lugar:

Año:
1929

Estado:
Prototipo

Atributos:

Tipologías:
:
Etiquetas:
:

La casa Dymaxion era la evolución, a vivienda unifamiliar, de los edificios de viviendas hexagonales que Fuller había planteado en su libro 4D Timelock de 1928.

A estas viviendas las llamó “Lightful Houses” porque la ligereza era el principal objetivo.

La casa Dymaxion era una “unidad residencial autónoma” de solo tres toneladas de peso. Esta vivienda dejaba atrás cualquier idea preconcebida sobre la casa, convirtiéndola en un producto industrial en continua evolución y redefinición. Esta idea se oponía completamente a la estática casa tradicional.

1929. Buckminster Fuller: Dymaxion House. Dibujos

La casa Dymaxion (Dynamic-maximum-ion) era ligera, portátil y móvil. Fuller planteaba que pudiera ser alquilada o comprada por teléfono, transportada a su emplazamiento por el aire y montada en cuestión de días. También proponía que pudiera ser movida de lugar, si así se considera necesario, o sustituida, en cualquier momento, por un modelo superior.

Sus dibujos y maquetas mostraban una vivienda para cinco personas con un mástil central, del que colgaban los forjados y la envolvente, de modo similar a los puentes colgantes. El mástil se anclaba al terreno creando una base que incorporaba una fosa séptica, un depósito de combustible, la calefacción, el generador eléctrico, las bombas y el filtro de aire. En el interior del mástil podía instalarse un montacargas.

1929. Buckminster Fuller: Dymaxion House. Planos

La casa venía totalmente equipada con muebles y equipos tales como radio, televisión (comenzó a emitirse por primera vez ese año), máquina de escribir o calculadora. También contaba con aire acondicionado, de modo que el aire entraba en la vivienda desde unas aberturas practicadas en el mástil central, siendo posible modificar a voluntad su humedad o temperatura. El baño era una pieza prefabricada por moldeo que contenía la bañera, el inodoro y el lavabo, y que integraba la iluminación, la ventilación y la fontanería.

La idea de Fuller era que los habitantes pudieran modificar una y otra vez la configuración de la casa, convirtiéndose un ejemplo de vivienda adaptable. Todos los elementos de la casa estaban pensados para ser móviles, incluidas las instalaciones. También las unidades técnicas, que estaban acopladas a la estructura central, podían ser recolocadas o sustituidas.

1929. Buckminster Fuller: Dymaxion House. Segunda maqueta

“Una estancia no debe ser estática, no debe suscitar un solo estado de ánimo, sino prestarse a cambios, de modo que sus ocupantes puedan modificarla y jugar con ella como lo harían con las notas de un piano”.[1]

Fuller también planteaba una posible extensión, lo que convertiría esta vivienda en progresiva

“This plan is capable of expansion radially and in a number of levels, providing flexibility of extent without deviation from the unit principle”.[2]

Fuller trataba de sustituir la idea tradicional de una casa estática inamovible por la de vehículo, o incluso por la de una nave espacial. Tal y como ocurrió con el Ford T, Fuller pensaba que, a medida que aumentara la producción de estas viviendas, su precio iría bajando.

 

Historia del proyecto. Fuller sueña con ser el Henry Ford de la vivienda

En 1927, el libro Vers une Architecture, de Le Corbusier, se publica en inglés bajo el título de Towards new architecture. Richard Buckminster Fuller lo lee con emoción en su modesto apartamento de los suburbios de Chicago. Tiene 32 años y atraviesa una profunda crisis personal. La empresa en la que trabajaba, Stockade Building System, de la que su suegro, un conocido arquitecto de Nueva York, era socio fundador, acaba de ser vendida y ha perdido su puesto de jefe de ventas. Fuller está sin trabajo y su situación económica es muy mala. Vive con Anne, su mujer, y con su segunda hija, Allegra, recién nacida, y no acaba de superar el impacto de la muerte de su primera hija, Alexandra, ocurrida cinco años antes.

Fuller siempre contó que, en esta situación desesperada, un día fue al lago Michigan con la intención de suicidarse y allí oyó una voz divina que le pidió cambiar de idea, instándole a trabajar por el bien de la humanidad. Lo cierto es que Fuller decide, en ese duro momento de su vida, empezar un periodo de silencio, lectura y reflexión en el que va a concentrar todas sus energías en desarrollar un nuevo pensamiento radical alrededor de la vivienda, la geometría y las estructuras. Fuller no para de leer, conversar e intercambiar ideas con sus conocidos. Recorta fotografías y artículos de periódicos que, sumados a sus dibujos, formarán el Dymaxion Chronofile, un archivo personal que mantendría toda su vida. Fuller va creando, recorte a recorte, un inventario personal de modernidad en el que incorpora los últimos modelos de coches, dirigibles, hidroaviones, trenes y maquinas hibridas de todo tipo.

[1] Buckminster Fuller, Chronofile 36/1929. En Your Prívate Sky: R. Buckminster Fuller, the art of design science. Edited by Joachim Krausse y Claude Lichtenstein, Lars Müller Publishers, Zurich, 1999, p.111.

[2] “Este proyecto es capaz de expandirse en sentido radial y en varios niveles, proporcionando con ello flexibilidad de extensión sin desviarse del principio de la unidad”.  Ibid., p.135.

Fuller, Anne y Allegra en julio de 1928. Dibujos de Fuller anticipando el crecimiento de Allegra

Fuller probablemente colocó Vers une Architecture de Le Corbusier junto a uno de sus libros favoritos: My life and work de Henry Ford, publicado en 1922. Fuller consideraba a Henry Ford como uno de los dos mayores artistas del siglo XX, junto a Albert Einstein. Ford describía en su libro My life and work el camino que le llevó a convertir el automóvil en un producto sencillo y barato, fabricado en serie para su consumo masivo.

En el prólogo de My life and work Henry Ford afirmaba que su intención era “demostrar con claridad que las ideas que nosotros hemos empleado se pueden aplicar en todos los campos”. El camino hacia democratizar la vivienda, tal y como Ford había hecho con el automóvil, estaba abierto y entroncaba con las ideas de Le Corbusier acerca de la aparición de una nueva cultura basada en la máquina y la necesidad de crear el estado de espíritu destinado a concebir, construir y habitar casas en serie.

Fuller va alternando los recortes de fotografías y artículos de periódicos con sus propios dibujos e ideas visionarias sobre la nueva vivienda, que denomina como lightful houses, lightweight o full of light. La ligereza es su obsesión, como lo fue para Henry Ford. En enero de 1928 Anne, su mujer, apunta en su diario que Fuller estuvo leyendo a Le Corbusier hasta muy tarde: “Se quedó asombrado de la coincidencia de los resultados alcanzados, comparándolos con los de sus casas”.[1] Le Corbusier le reafirma en su camino hacia la industrialización de la vivienda.

Fuller sueña con convertirse en el Henry Ford de la vivienda, desarrollando la primera máquina de habitar fabricada por la industria. Para lograrlo, estudia la vivienda tal y como Ford analizó los automóviles. Como él, considera que lo primordial es optimizar el material, logrando una eficiencia estructural que permita que los materiales trabajen en condiciones óptimas y, en consecuencia, que su peso sea mínimo. Le atraen las torres de comunicación. Recorta y pega muchas en su archivo. Son estructuras carentes de vigas, creadas únicamente con elementos a compresión o tracción, cuya rigidez y estabilidad se logra mediante triangulaciones. Desde siempre Fuller se había sentido atraído por los triángulos y tetraedros, formas que repetía en las maquetas que, desde niño, construía con palillos. También le fascinaban las estructuras de las ruedas de las bicicletas, los paraguas y las raquetas de tenis. Fuller sabía que el acero es más eficiente a tracción, ya que consigue vencer una fuerza determinada con el mínimo material y peso.

En su archivo personal se encuentra una torre de aterrizaje aéreo construida por la aviación británica en la Primera Guerra Mundial, diseñada por Barnes Wallis. Esta torre tenía un alto mástil de hormigón armado del que colgaban, suspendidos por cables, los diferentes forjados, en forma de anillos metálicos. Los cables estaban ocultos, tanto en la fachada como en las particiones interiores. Fuller se imagina torres de viviendas construidas de esta misma forma, con un gran mástil central que funcionara como único soporte, pero que también sirviera para canalizar las instalaciones y elevar las personas. De este mástil colgaba el resto de la estructura, siguiendo una geometría hexagonal, con suelos y fachadas trianguladas.

Con este modelo estructural Fuller imaginó altas torres de viviendas, montadas en fábrica, totalmente equipadas, transportadas por el aire mediante dirigibles y soltadas como una bomba. Dibuja torres colgadas de dirigibles, y hace esquemas que muestran que son mucho más ligeras y rápidas de construir que las construcciones tradicionales. En ocasiones coloca una grúa de obra sobre el mástil. También imagina edificios en altura con usos diferentes en cada planta: piscina, gimnasio, bar, etc.

Fuller busca el máximo beneficio humano con el mínimo gasto de energía y materiales, el mínimo peso para la máxima eficiencia. Fuller trataba de lograr más con menos. A este proceso lo llamaría más adelante “efimeralización”, la progresiva desmaterialización de los procesos generada por el progreso tecnológico.

Fuller engloba muchas de sus ideas dentro de una “filosofía en cuatro dimensiones”, que denomina 4D porque incluye una cuarta dimensión temporal.

[1]  Hisao-Yun Chu: “Un esbozo autobiográfico”. Revista AV Monografías, nº 143, 2010, p.28.

1928. Buckminster Fuller: 4D. Sección en construcción de torre 4D, Comparación con el peso de una casa tradicional

Dibuja sistemas 4D y casas 4D. También imagina un vehículo 4D, que es un artefacto de tres ruedas capaz de desplazarse por aire, tierra y agua que forma parte de un mundo concebido unido y accesible entre sí por medio de los más modernos medios de transporte.

En 1928 publica todas sus ideas, de forma privada, con el título 4D Timelock, en un manifiesto autoeditado del que hace una breve tirada en multicopista que distribuye entre sus amigos y arquitectos cercanos. El texto es una fusión de pensamiento tecnocrático, ideas de Le Corbusier, economía doméstica y espiritualidad. Fuller afirmaba buscar “un hogar en el que pueda desarrollarse el individualismo real de una persona y su familia; en el que lo que obligatoriamente ha de hacerse (comer, dormir, limpiar) lleve poco tiempo. Dejando tiempo para otras cosas, las mentes se dedicarán a una contemplación de la vida más rítmica y filosófica”.

Fuller afirmaba que la casa tradicional es el fenómeno de nuestro entorno que menos se desarrolla y estudia, precisamente porque está demasiado cerca de nosotros, del mismo modo que cada individuo tiene menos capacidad de crítica sobre sí mismo que sobre los demás. “El ser humano está demasiado cerca de su casa para poder tener perspectiva” y, por ello, necesita ganar una cierta distancia para, desde allí, preguntarse: ¿Qué es una casa?

Fuller cuestionaba tanto los conceptos tradicionales de la vivienda como el papel de los arquitectos hasta entonces admitido. Perseguía una nueva vivienda producida industrialmente, como los automóviles, con la última tecnología y, como ellos, en continua mejora.[1]

Las viviendas ideadas por Fuller eran lugares donde sus habitantes podían modificar una y otra vez su configuración. Todos los elementos de la casa estaban pensados para ser móviles, incluidas las instalaciones. Las unidades técnicas estaban acopladas a la estructura central y también podían ser recolocadas o sustituidas. En la casa de Fuller todo era modificable.

Su libro 4D Timelock se distribuye en un encuentro de la AIA (American Institute of Architects) de 1928, pero los arquitectos no le dan ninguna relevancia y lo consideran una visión utópica dirigida a una audiencia con pocos conocimientos. Fuller también manda su libro a diferentes empresas, amigos y personas influyentes de la vida intelectual americana. Finalmente, en 1928, a los 33 años, presenta sus ideas por primera vez en el Petit Gourmet de Chicago, en una conferencia titulada: “Hexagonal House”.

Al año siguiente, en 1929, Fuller crea la versión unifamiliar de sus torres de viviendas: una casa con una sola planta, elevada del terreno. Fuller llegó a hacer tres maquetas de este proyecto unifamiliar. La segunda maqueta, en cartón, la construyó con la ayuda de unos estudiantes de diseño. Con ella emprende una gira que dura los seis primeros meses de 1929, convirtiéndose así en un viajante, un vendedor de ideas, una máquina propagandista unipersonal que presenta su casa construida como los automóviles en convenciones, exposiciones, clubes y ferias inmobiliarias.

[1]  Hisao-Yun: “Un esbozo biográfico”. Revista AV Monografías, 143, 2010, p.28.

1929. Buckminster Fuller con la segunda maqueta Dymaxion. Alzado y planta

En abril de 1929 esta segunda maqueta se expone dos semanas en la Marshall Field Department Store de Chicago, en la zona de la tienda dedicada al diseño interior, junto a una nueva colección de mobiliario moderno importado de Francia. Durante la exhibición Fuller da 6 charlas de media hora cada día, 50 charlas en total. Marshall Field contrató a Waldo Warren, experto en comunicación, con el encargo de crear un nombre comercial para al proyecto de Fuller. Waldo oyó la particular jerga de Fuller durante dos días: maximize, sumtotally, earthian, dynamic’, theologic… Al final Waldo le dice a Fuller: “You’re obviously a four-syllabe personality, and you’ll have a four-syllabe name for your house”. A los pocos días plantea el concepto Dymaxion (Dynamic-maximum-ion), creado con la unión de dinamismo, máximo y tensión, las palabras más repetidas por Fuller.

Tras la Marshall Field, la recién bautizada Dymaxion house se exhibe en la Harvard Society of Contemporary Art en Cambridge, donde Fuller da 60 charlas. El artículo del Chicago Daily News sobre esta exposición se titulaba así: “He plans houses like trees”. Fuller presenta su Dymaxion del siguiente modo:

“These new houses will be structured after the natural systems of humans and trees, with a central stem or backbone, from which are provided all pumping, supply, filtering units, aerial systems, nerves or reception units, with appropriate covering and temperature retention”.[1]

[1]  Buckminster Fuller, Chronofile vol XXXV/1929 presentación de la Dymaxion House para la Marshall Field. En Federico Neder: Fuller Houses. Lars Müller Publishers, Zurich, 2008, p.41.

1929. Buckminster Fuller con la tercera maqueta Dymaxion. Axonometría

Ese mismo año Fuller expone también en varios lugares de Chicago y Nueva York y, en verano, muestra la maqueta en el café Romany Marie de Nueva York, que Fuller frecuentaba desde el año anterior. Fuller lo consideraba “el último gran café bohemio”. En él hizo amistades fundamentales para su vida como Isamu Noguchi o Martha Graham.

A finales del verano un escultor neoyorquino le construyó la tercera maqueta Dymaxion, en aluminio y plástico. Con ella continuó viajando por todo el país. Fuller afirmaba que, en los tres primeros años de su “campaña publicitaria” a favor de sus nuevas viviendas hexagonales ultraligeras y transportables, habría tenido una audiencia cercana a las 30.000 personas.

De esta maqueta se hicieron unas fotos profesionales, de día y de noche, en las que Fuller siempre aparecía de traje, a su lado, apreciando y admirando sus obvias ventajas. 

En 1929 se publica la casa Dymaxion en la revista Architecture. En la memoria apela a la flexibilidad y posible evolución de la casa.

El artículo de Architecture describe de esta forma las maravillas de la Dymaxion House: fabricada industrialmente en aluminio, sería asequible, ligera, portátil, móvil, eficiente energéticamente, independiente de cualquier infraestructura y estaría dotada de los más modernos medios de comunicación. Podría ser transportada a su emplazamiento y montada en cuestión de días. Estaría diseñada a prueba de seísmos, inundaciones y tornados, como si de un producto industrial se tratara, dejando atrás cualquier idea preconcebida sobre la casa y, como cualquier máquina industrial, en continua evolución y redefinición. La casa podría ser alquilada por teléfono, movida de lugar o ser sustituida por un modelo superior. Para Fuller un edificio, como un automóvil, debería de estar en continua evolución. Nada que ver con la estática casa tradicional.

Fuller afirmaba que su casa Dymaxion, una “unidad residencial autónoma” de solo tres toneladas de peso, valdría unos 3.000 dólares de aquel entonces, aunque la automatización de las fábricas y la fabricación en serie reducirían su precio paulatinamente, como el Ford T. Fuller se imaginaba la ultraligera estructura producida industrialmente en una fábrica de automóviles y trasladada en dirigible a cualquier parte, dejando caer primero una bomba para, a continuación, “plantar” la estructura, como si fuese un árbol, en el cráter resultante.

El artículo de la revista Architecture se preguntaba: ¿Qué va a ser de los arquitectos?, tratando de reflexionar sobre las consecuencias, para la profesión, de un diseño industrial como este, destinado a un gran número de clientes, frente al tradicional diseño personalizado edificado mediante una construcción artesanal.

En mayo de 1929, durante la presentación de la casa Dymaxion en la Harvard Society for Contemporary Art, Fuller enunció los requerimientos funcionales básicos de su “máquina de habitar” [1] identificando:

  • lo que las casas deberían eliminar: las tareas pesadas, la explotación, el egoísmo, la política y el control centralizado;
  • las amenazas de las que debía proteger: inundaciones, tormentas eléctricas, incendios, terremotos, tornados, huracanes, maleantes
  • las acciones para las que debía ahorrar tiempo: educación, ocio y mejora personal.

Para él estos debían ser los objetivos reales de los arquitectos, pero “la arquitectura no ha tenido nada de esto en cuenta”. Fuller entendía que, al reflexionar sobre la casa, había que aplicar la experimentación científica y abandonar la fijación por las cuestiones estéticas típicas de una profesión que, a menudo, denominaba como “sastrería de habitar”. Así que, para Fuller, de lo primero que había que prescindir en una casa era del arquitecto, al menos en su tarea tradicional, que debería, como poco, diluirse.

[1]  Mart Wigley: “Refugio y comunicación”. Revista AV Monografías, 143, 2010, p.54-56.